Monday, January 07, 2019

'Balamkú' por Xánath Caraza


Balamkú: poesía desde la selva

Por Xánath Caraza


Leer poesía en voz alta es intercambiar luz, ritmo, palabra e ideas con otros.  En ocasiones somos afortunados por hacer presentaciones frente a una audiencia, en otras ocasiones somos afortunados tan sólo por leer poesía en lugares que son importantes para nosotros mismos.

Particularmente tengo tendencia a leer poesía en lugares históricos o en zonas arqueológicas.  Hace dos años tuve el privilegio de explorar algunas zonas arqueológicas de Campeche.  Además de visitarlas, leí poesía en estos sitios mayas en medio de la selva baja.  Me alegro de haber regresado un par de veces más a lo largo de estos dos años y de haber leído, otra vez, poesía en cada lugar que visité. Disfruté mucho de las zonas tropicales, el viento del atardecer que agradecía cada noche, ya que las temperaturas en el estado de Campeche son muy altas.


Caminé y leí poesía en Calakmul, Edzná, Hochob, Dzibilnocac y Tabasqueño.  En un segundo viaje, mis pasos y mi poesía se entrelazaron con la selva en Toh-Cok, Santa Rosa Xtampak, Balamkú, Chicanná, Xpuhil y Becán.  Mi último viaje, antes de terminar mi nuevo poemario, fue una vez más en Balamkú y Calakmul.


Sean estos recorridos una celebración a mis raíces, sean un encuentro con un mundo del cual me queda mucho por aprender y validar, el hecho es que caminar tanto en estos sitios arqueológicos como en la selva baja de Campeche es una provocación fulminante a los sentidos, una invitación directa a escribir y a leer poesía donde hace cientos, sino miles, de años quizá alguien más lo hizo en el mismo lugar, o por lo menos, así lo quiero pensar.  Les comparto un par de fotos de estos lugares que yo considero sagrados. 


La zona arqueológica maya de Campeche es extensa.  Estos sitios, que he podido conocer brevemente, son algunos de los tantos que existen y que ahora están abiertos al público.  Algunos han sido abiertos hace tan solo un par de décadas.  Literalmente son tesoros escondidos en la selva.  Tal vez sea mejor, para su preservación, que sigan así, un tanto aislados, y si los visitamos, que sea con respeto y cuidado.  Lo cierto es que cada paso me llenó de orgullo, cada resto de pintura en los muros me inspiró, cada sonido de la selva me hechizó.  En muchos de estos sitios fui la única visitante, lo cual me permitió absorber, a mi ritmo, el sol entre las frondas de las ceibas, las ancestrales construcciones mayas, el aroma de las flores y el canto de las aves mezclado con el llamado de uno que otro mono aullador. 


En cada uno de los tres viajes decidí llevar conmigo sólo uno de mis poemarios: Ocelocíhuatl, Donde la luz es violeta y Hudson para cada ocasión.  Leí poesía en la cima de pirámides, en templos circulares, frente a frisos milenarios, entre las fauces de las construcciones mayas o al lado de una piedra de sacrificios; lo cierto es que estos poemarios y la gestación de uno nuevo acompañaron cada paso que di.  Mi audiencia fue la selva baja y estos recónditos sitios arqueológicos mayas enterrados en su corazón. 

Con esta breve nota, con el aroma de la selva, aún fresca en mi memoria, y, por supuesto, con mucha poesía comienzo este 2019.  Un año lleno de incertidumbre que me invita todavía más a la introspección retrospectiva.


De paso les comparto el nacimiento de Balamkú concebido en estos tres viajes y de pronta publicación por Pandora Lobo Estepario Productions Press de Chicago que dirige Miguel López Lemus.  Balamkú ha sido traducido al inglés por Sandra Kingery y prologado por la Doctora Elizabeth Martínez. ¡Que la poesía nos salve! 


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